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Ljubljana - Liubliana
Con sus 276.000 habitantes, la capital eslovena, fue fundada según la leyenda, por el príncipe griego Jasón y sus compañeros de viajes los argonautas mientras huían del rey Aitea; a quien habían robado el Vellocino de Oro. Ljubljana está creciendo como uno de los destinos más populares entre los viajeros europeos, en especial de los italianos. Tras separarse de Yugoslavia en 1991, la niña bonita de los Balcanes, incorporada a la Unión Europea 2004 y a la zona euro en 2007, apenas ha sufrido durante los conflictos bélicos en la zona, preservando un maravilloso entorno natural que se adereza con una buena oferta monumental, atractivos naturales y propuestas de turismo activo para todos los gustos.
Cuando llegas por primera vez a Liubliana, lo mejor es subir al castillo para divisar la ciudad al completo, y hacerse una idea de las visitas que hará durante los próximos 3 días, que es el período que yo les recomiendo permanecer en esta ciudad. Esta fortaleza medieval vigila la urbe desde lo alto a la que se asciende dando un agradable paseo. Los exteriores del complejo ofrecen estupendas vistas de la ciudad y las montañas que la rodean. La torre acoge un museo virtual, que hace una presentación 3D de la historia de la ciudad
Desde el Castillo podrán divisar los cinco puentes: los famosos tres puentes en el casco antiguo, el puente de los Zapateros y el puente de los Dragones; en torno a los que está organizada toda la ciudad. Bajen y aprovechen para callejear esta alegre ciudad, que desde 1992 Luibliana está repleta de plazas alargadas, cafeterías con mesas dispuestas al aire libre y numerosos músicos callejeros.
Paseando por el casco antiguo es inevitable comparar la capital eslovena con otras ciudades europeas para descubrir su historia. Ljubljana recuerda Praga por su pasado medieval y por las reformas que aplicó Plecnik, quien vivió en la capital chica una temporada. Se parece a Viena por los edificios construidos durante el imperio austriaco de los Habsburgo; y por la arquitectura judendstil, que transformó el centro tras el terremoto que la arrasó a finales del siglo XIX. Con Salzburgo, la otra gran ciudad austriaca, la unen los colores pastel de sus templos católicos, como la rosada iglesia franciscana de la Anunciación.
La mejor forma de adentrarse en las calles de Ljubljana es buscando la huella de una de sus figuras insignes: el arquitecto Joze Plecnik (1872-1957), un mago de la combinación de estilos que importó a su pequeña ciudad lo mejor de la Viena de los Habsburgo. Gracias a Pelnick y su sentido de patria, el orden impera en esta capital joven, punto de referencia para todo el país.
Comenzamos nuestra visita por el casco antiguo y en concreto en el mercado central o Trznica, una de las obras más importantes de Plecnik. Más que un lugar destinado al comercio de alimentos, el edificio parece un palacio noble construido expresamente para acoger suntuosas fiestas. Bajo su alargada columnata neo clásica se ofrecen todo tipo de productos del campo esloveno, vino del país, conservas, comida para llevar, ropa bisutería y, cómo no, artesanía hecha en madera y elaborados encajes de bolillos. Otro lugar de abastecimiento muy popular en la plaza Vodnikov, junto al río Ljubljana, donde se exponen verduras y frutas frescas, a menudo cosechadas en huertos particulares.
Para seguir con nuestro recorrido no dejan de visitar la Catedral de Ljubljana, la reforma también es obra de Plecnik. La Catedral de San Nicolás (todos los días 6:00-12:00 y 15:00 a 18:00), dedicada al patrón de los marineros, fue construida durante el siglo XIII. La puerta principal hecha de bronce, representa los 1.250 años de cristianismo en el país.
A pesar del parecido que tiene Ljubljana con otras ciudades, Eslovenia ni forma parte de la Europa Central, ni se la puede situar en la Europa de los Balcanes. Este pequeño país tiene un carácter propio, cuya fuerza está magníficamente representada por los cuatro dragones que guardan las esquinas del puente Zmajski. La relación del monstruo mitológico con la capital eslovena tiene su origen en una antigua historia: el héroe griego Jasón. El puente Zmajski fue construido en 1901 para conmemorar el cuarenta aniversario de la coronación de Francisco José como emperador austrohúngaro.
Bajo el Zmajski reencontramos la obra de Joze Plecnik, pues él diseñó las márgenes del río Ljubljanica después de la gran reforma de entreguerras. Las embarcaciones turísticas que zarpan de la plaza Prasernov, en el casco antiguo, ofrecen una perspectiva distinta de la ciudad: su cara fluvial, con los palacios e iglesias reflejándose en las aguas. Los barcos navegan hacia los barrios de Krakovo y Trnovo, separados por el canal Gradascia. El encanto de Karnovo reside en el aire medieval de sus callejuelas y casas; en Trnovo la muralla romana del siglo I a.C. y el sus calles son un variado estilo arquitectónico.
No deben dejar de visitar los museos de la ciudad: el recién construido (2006) Museo de la Ciudad (M-D 10:00 18:00), se aloja en una antigua mansión de la calle Auersperg. La transformación del edificio y la restauración de sus interiores merecen una visita. La Galería Nacional (M-D 10:00 a 18:00), ubicada en un espantoso edificio de la era soviética, acoge una interesante exposición de los impresionistas eslovenos entre los que se encuentra: Iván Croar e Ivana Koblica. Muy cerca se encuentran los Jardines del Tivoli, un lugar ideal para un descanso durante el verano. Y finalmente el espectacularmente feo edificio color rosa chicle que aloja la colección del Museo de la Historia Moderna (M-D 10:00 a 18:00) desmerece la curiosa exposición del interior que explica la historia de la ciudad durante el siglo XX.
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